Mai zerbal


Mai zerbal, madre humana salvaje, que intenta seguir su instinto y escuchar su intuición.

Madre mamífera, porque el ser humano es un mamífero del orden de los primates.

Madre entrañable, que ama a sus hijos desde lo más profundo de sus entrañas donde está el útero.

Madre complaciente, que se complace en complacer a sus hijos.

Madre insumisa, que hace lo que cree que es mejor para sus hijos a pesar de lo que digan otros.

Madre consentidora, porque siente lo que sus hijos sienten.

Madre respetuosa, que considera que un niño merece tanto o más respeto que cualquier adulto.

Madre nutridora, que nutre con su leche, su amor y seguridad a sus crías.

Madre natural, que intenta actuar como lo haría una hembra humana sin condicionamientos.

Madre defensora, que representa a sus hijos ante la sociedad y no viceversa.

jueves, 21 de abril de 2011

Relato de mi tercer parto

Me quedan dos semanas para la fecha probable de parto de mi niña. Ayer releí el relato de mi tercer parto, que hace cinco años escribí en un foro y que, afortunadamente, no está borrado. Aquí lo dejo:

Mi tercer parto (A la luz de las velas)

 Antes de comenzar el relato os voy a poner en antecedentes. Aunque ya tenía dos hijos, nunca me había puesto de parto. Ambos fueron inducidos. Mi primer hijo nació en un hospital de la seguridad social. El parto acabó con forceps y clavícula rota. Por esta razón se llevaron a mi hijo y no volvimos a verlo hasta 4 horas después. Tuve problemas para establecer la lactancia y un postparto muy malo. Me sentí mal tratada por el personal y por eso para el segundo embarazo me hice un seguro privado. De nuevo, el retraso me llevó a una inducción al cumplir la semana 41. El parto fue mejor, aunque con todo el protocolo incluido. El trato hacia mi había mejorado pero la clínica tenía un sistema de nidos muy rígido que nos hizo pasarlo fatal. Al nacer lo metieron en la incubadora una hora por si cogía frío y cuando lo sacaron no me lo subieron porque no tocaba. Cuando lo trajeron habían pasado 5 horas y media desde su nacimiento.

Mi tercer parto:

La fecha posible de parto era el 3 de Abril de 2006. El domingo, 26 de Marzo, estuve todo el día expulsando el tapón mucoso. Decidimos ir a pasar el día al pueblo de mi cuñada, a hora y media de aquí. En el viaje de ida me dieron algunas contracciones algo intensas pero no dolorosas. En el pueblo tuve solo contracciones normalitas. Fue en el viaje de vuelta donde la cosa se desencadenó. La primera contracción dolorosa me dio en una zona de baches, la segunda al pasar por Huesca, contemplando unos fuegos artificiales y la tercera al entrar a Zaragoza. Eran las 11 de la noche. Fue entonces cuando calculé que las contracciones habían sido cada media hora. Hasta entonces me habían despistado contracciones intermedias, indoloras y sin ritmo.

Al llegar a casa me puse a mirar los foros, pensaba que se pararía la cosa pero justo a las 11 y media vino otra contracción. Me levanté y me quedé inmovilizada en la puerta. Lorién estaba al lado y me pedía teta y al decirle que tenía una contracción fue corriendo a decirle a su padre "a mamá está ando una asasión". Estaba muy nerviosa y emocionada. No sabía que hacer, si tumbarme o si hacer algo. Me fui al sofá del salón. Los niños jugaban con su padre en el cuarto de los juguetes. Ese día se había cambiado la hora y por eso se nos había hecho tan tarde. Me puse a escribir y a hacer punto hasta que me di cuenta de que la cosa estaba en marcha. Las contracciones seguían y la frecuencia aumentaba.

Como primerizos que éramos en esto de ponerse de parto nos pusimos muy nerviosos. Empezamos a sacar toallas, a preparar todo lo necesario, a elegir lo que yo me ponía... los niños también estaban nerviosos. Cuando nos acostamos era más de la una. Lorién me pedía teta todo el rato y las contracciones dolían. Siempre había imaginado que al comenzar el parto por la noche dormiría un poco pero estaba demasiado emocionada y no quería que aquello parara. También siempre había dicho que no llamaría enseguida a la matrona pero quería saber si Raquel estaba disponible esa noche pues quería que me asistiera ella, así que me levanté y la llamé. Estaba dormida y dijo que venía. Le sorprendió que estuviera ya de parto. Eran ya las dos de la madrugada. Tardó media hora en venir y entre tanto me dieron 4 contracciones. La peor fue una que me pilló cogiendo las cerillas que estaban en alto aunque yo estaba encantada. Encendí las dos velas que me había regalado Alfonso para la ocasión, apagué las luces y me fui al sofá. Alfonso había preparado un colchón delante del sofá con un plástico grande y una sábana. Fui probando posturas para las contracciones. El colchón no me gustaba pues hacía ruido el plástico. Entre contracciones me sentaba o tumbaba en el sofá y cuando llegaba la contracción me ponía de rodillas sobre el mismo con la cabeza contra lo alto del respaldo estrujando un cojín. Intentaba visualizar una flor que se abría y al bebé bajando. Entre contracciones me daba tiempo a ir al baño a hacer pis, no se por qué me dio por eso.

Cuando Raquel llamó salió Alfonso y al poco salió Jorge muy excitado. Quería dormir en el colchón o sentarse en el sillón a ver el parto y no paraba de correr. Yo le dije que no se asustara si hacía ruidos como una vaquita. Hasta entonces me daba por mugir y balancearme. Alfonso lo convenció para ir a jugar un rato. Raquel me hizo un tacto, estaba de 4 cm. Se sentó junto a la mesa a escribir algo a la luz de velas. Se dio cuenta de que me iba mejor el parto sola y se fue a jugar también. Le dije que cerrara la puerta del salón. Estuve ahí un rato sola, en mi sofá, mordiendo el cojín, haciendo ruidos, balanceándome, dejándome llevar. Después de cada contracción me quedaba balanceándome un rato y luego me tumbaba a esperar tranquila. Una de las veces que fui al baño me pilló una contracción allí y ya no fui más. Poco a poco me fue entrando miedo. Cuando llegaba la contracción tenía miedo a que doliera mucho pero siempre pasaba y me parecía que no había sido para tanto. Así que se fue dibujando otro miedo: que la cosa no avanzara. Le comenté mis miedos a Raquel y creo que fue entonces cuando me dijo que le hablara a Nuei, cosa que no fui capaz de hacer hasta que lo tuve en mis brazos.

De pronto Jorge apareció corriendo por el salón pero Alfonso le convenció para irse a dormir. Se quedaron fritos los dos. Solo se que eran más de las 3. Raquel me hizo otro tacto para ver cómo iba. Estaba entre 5 y medio y 6 cm. Pensé que eso iba a hacerse muy largo, comenzaba a sentir cansancio en los hombros y dorsales. Al poco rato Raquel me preguntó si llamaba a la doula por si necesita algún masaje. Le dije que si. Seguí sola en mi sofá. Cuando Eva llamó al timbre Alfonso se despertó. Al entrar todos Raquel se dio cuenta de que me desconcentraba y se fueron a la cocina pero en la siguiente contracción Eva me sorprendió con un masaje. A pesar de que noté que aquello me distraía, me dejé seducir. Olía muy bien a algo balsámico y sentía menos dolor y miedo. Pero había cosas que no me gustaban: si yo cruzaba las piernas, ella me las descruzaba y hablaba entre contracciones. Había traído una pelota y la hincharon. Aunque me dolía la parte alta de la espalda nunca pedí un masaje allí pues parte de mi quería seguir sola pero tampoco me negaba a los masajes lumbares pues otra parte quería compañía. Durante una contracción oí que había venido alguien más, supuse que era la segunda comadrona, que se fue directamente a la cocina.

Como cada vez notaba más cansancio y además ya no me sentía tan a gusto decidí irme a la pelota. Me senté sobre una toalla con las piernas abiertas y los brazos y cabeza apoyados en la mesa. Me molestaban las velas y las apagué de un soplido. Eva me dijo que había traído un disco de música para partos pero le dije que no quería. Creo que encendieron la bola del mundo o las velas de forma que no me molestaran. De la pelota me gustaba que entre contracciones me balanceaba y durante la contracción me ponía a botar, lo cual dijeron que era bueno para que el bebé bajara. Lo que no me gustaba era la sensación de tener la vagina presionada contra algo, como cerrando el paso. Las matronas y la doula fueron a la cocina a tomar algo y Alfonso se quedó conmigo haciéndome masajes. Yo estaba muy metida en mi misma, había perdido ya el concepto del tiempo por completo. Empecé a sentir ganas de tumbarme pero miraba el colchón y me decía que imposible recibir allí las contracciones. Estaba cansada y decidí ir a la bañera así que Alfonso fue a prepararla. Cuando estuvo llena, al salir de una contracción me fui para allá. Por el camino, paré en el otro baño a hacer pis. Sentada en el water me dio una contracción que me dolió un montón abajo, me sentí demasiado abierta, no se describirlo. El caso es que me entró pánico y me puse a temblar. Me agarré a Alfonso y fuimos juntos hasta el otro baño (el de nuestro cuarto, donde dormían los niños que no se enteraron de nada).

Me tumbé primero mirando hacia afuera. El agua estaba calentita, apoyaba la cabeza en un flotador y el ambiente era agradable con una velita pero la bañera es muy estrecha y no vi fácil moverme en las contracciones y dije "¿y ahora cómo encajo la contracción?". Eva me dijo que probara así como estaba y así lo hice. A pesar del flotador, al moverme me entraba agua por todos los lados. Al terminar me volví contra la pared y me quedé ensimismada. Oía hablar a la doula con Alfonso como de lejos, dejaba al agua entrar en mi oído para aislarme del mundo. Se que Raquel me hizo un tacto pero no recuerdo de cuánto estaba. Venían contracciones y venían mis miedos, recuerdo pensar no ser capaz de volver a pasar por aquello nunca más, recuerdo preguntarme porque me había complicado con lo fácil que había sido mi segundo parto pero de pronto recordé lo que pasaba con los bebés al nacer en la clínica y apareció una nueva contracción. Cada vez estaba más a gusto ahí, las contracciones eran cada vez más llevaderas, me estaba quedando medio dormida. No se cuánto tiempo pasé así. De pronto me dijo Eva: "Venga, Anica, hay que salir de la bañera. Se están parando las contracciones." ¡Qué pereza me entró! me hubiera ido directa a la cama para seguir otro día pero tenía que seguir, mi niño tenía que nacer en casa. Me sequé, hice pis de pie pues no quería que pasara como la vez anterior. Me pusieron mi vestido y nos fuimos al salón.

A partir de este momento no tengo muy claro qué cosas pasaron antes y después. Recuerdo una especie de baile con Alfonso en mitad del salón pues me apoyaba en él mientras me balanceaba y él me acompañaba. También estuve en mi sofá, recuerdo pensar "otra vez como al principio" y allí fue donde me di cuenta de que el parto no estaba siendo como yo lo había soñado. Me estaban acompañando demasiado. Al volver al origen, donde había comenzado yo sola, no podía evitar pensar que tenía que haber seguido allí yo sola pero llegaban las contracciones y de mi boca salía "No" y "No quiero". Miedo al dolor, más que dolor, yo creo, o ahora me parece así. Allí Raquel me hizo el último tacto. Estaba de 9 cm. pero la cabecita alta. Al oir esto me vino el fantasma del primer parto cuando Jorge no bajaba y lo mal que acabó. Creo que por eso volví a la pelota.

A estas alturas me molestaba la presencia de la doula, estaba enfadada por haberme acompañado tanto. Me molestaban sus consejos sobre abrir la pelvis o tomar aire por la nariz. Me dieron una cucharadita de miel para que me diera energía. Me pegué todo el parto bebiendo agua pero no había comido nada. En un momento, a solas con Raquel, no recuerdo que le dije pero si que ella me contestó que tenía que enfadarme y tener ganas de sacar a mi bebé, que yo estaba demasiado bien. Así que en las siguientes contracciones empecé a saltar y a gruñir, a soltar el cabreo que llevaba. Y ya no decía "no quiero" sino que pensaba "atraviésame, haz conmigo lo que quieras, venga". Entre contracciones escuché a Alfonso llamado por teléfono a su trabajo y la persiana de la papelería de abajo: eran las 7 de la mañana. Seguí un rato en la pelota pero no me gustaba, de nuevo, la sensación de presión sobre ella y quise levantarme pero no podía. Me elevé un poco y de pronto noté algo que salía de mi a toda velocidad y ¡splas! Había sido la bolsa, que salió entera y llena, rodó por la pelota y a caer al suelo se vació de golpe. Eva dijo que nunca había visto algo así. Todos rieron menos yo. No me hacía ninguna gracia que se hubiera roto, me hubiera gustado llegar con ella intacta hasta el final. Las aguas eran claras

A partir de ese momento recuerdo mucho agobio por parte de la doula y las dos comadronas. Decían que la cabecita estaba allí y se extrañaban de que no tuviera ganas de empujar. Si me agarraba a mi marido y me ponía de puntillas, me decían que así estrechaba la pelvis, que tenía que echar los pies a tierra y agacharme, abrir la pelvis. Si gritaba, porque a partir de ahí daba gritos en las contracciones, me decía que concentrara esa fuerza en empujar. Me decía que fuéramos al water y yo me negué, yo quería huir de ellas, no quería empujar, no sentía las famosas ganas, no sabía. Raquel ponía sus dedos e la entrada de mi vagina y me decía que empujara como para sacarlos y yo solo pensaba "así no, así no quiero" y comencé a decirlo en alto y todos, incluido mi marido me decían que empujara, que mi bebé estaba allí pero yo no quería posiciones verticales ni muy abiertas porque me dolían y me daba mucho miedo el expulsivo, creía que me iba a desgarrar. Finalmente dije en alto "dejadme en paz, me estáis agobiando" y se salieron las tres del salón. No se bien lo que hablé con Alfonso pero me tranquilicé y cuando volvieron al momento y me sugirieron que me pusiera de cuclillas, accedí. Decidí vencer mi miedo, mi hijo tenía que nacer. Una parte de mi me decía que teníamos que confiar más en la naturaleza y que ellas no lo estaba haciendo, pero otra pensaba que quizás mi miedo era demasiado poderoso y que les tenía que hacer caso o la cosa podía acabar mal.

Alfonso se sentó en el sofá con las piernas abiertas y yo me puse de cuclillas sobre el colchón apoyada contra el sofá y Alfonso. Y me puse a empujar y la cabeza empezó a bajar hasta que coronó y se atascó. Yo empujaba con todas mis fuerzas y gritaba como una loca. Sentía el famoso aro de fuego. Fueron unos 5 minutos, según me contaron otro día. Sentía que aquello iba a estallar, escocía, quemaba pero empujé y empujé. Me decían que tocara la cabecita pero yo retiraba la mano. Oía a Alfonso llorar detrás de mi super emocionado. Al día siguiente Raquel me contó que la barbillita no salía y que por un momento le bajó la frecuencia cardiaca así que le ayudó a sacarla metiendo el pulgar, creo. Por fin salió la cabeza. Alfonso lloraba. Alguien volvió a llevarme la mano a la cabecita y ya no me importó nada más. Frotaba con mi mano la cabecita, dijeron que era un morenazo. Cuando salió el cuerpo lo pusieron sobre mi. Estaba húmedo y resbaladizo. Era mi bebé. Por unos momentos solo existió para mi esa carita preciosa y muy distinta a la de sus hermanos. Yo le ofrecía mi teta y pronto se enganchó perfectamente. Tomé conciencia de lo que ocurría a mi alrededor. Raquel cortaba el cordón. Le pregunté "¿pero ya ha dejado de latir?". Dijo que si. Me dijo también que tenía un pequeño desgarro y que me iba a echar dos puntos y que no valía la pena anestesiar. Acepté. Isabel, la segunda matrona, intentó presionar mi tripa para ayudar a la placenta pero no le dejé. Ni les dejaba acercarse al cordón. Dije que tenía que salir sola. Me daba mucho miedo expulsarla pero al final empujé y salió. La pusieron en un tupperware y dije que quería mi batido. Trataron de disuadirme pero yo en esos momentos lo tenía muy claro. Igual que tenía claro que nadie iba a coger a mi bebé ni para pesarlo. Aquel día, por fin, fui leona.

Nuei nació a las 8 de la mañana y ya no se separó de mi piel en todo el día. Con él en brazos me fui a mi cama, me sentía con fuerzas y muy contenta. Por el camino me encontré a Alfonso que traía a Jorge en brazos. Se emocionó mucho al ver a su hermanito. Fuimos a la cama. Lorién dormía, hecho una ranita. Jorge quería despertarlo pero él no se enteraba. Por fin se despertó y al escuchar al bebé se levantó de un salto y se acercó. Estaba alucinado. Isabel y Eva se fueron a otro parto y Raquel y Alfonso me prepararon mi primera batido de placenta con zumo de naranja (en total tomé 4). Me supo buenísimo (curioso en una vegetariana).

A pesar de todo, estoy muy contenta con mi parto. No se cómo habría sido con una asistencia menos directora pero se que mi hijo nació bien, que no lloró, que lo tuve en mis brazos nada más nacer y que el parto me dio fuerzas para no dejárselo a nadie en todo el día. Nos visitó ese día la familia directa pero me lo respetaron. Estuvimos todo el día piel con piel, echando cabezaditas y dejándome mimar.

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